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CHILE

Valparaíso (II)

Allí esta Belén... nos abrazamos, el olor perfumado de su cabello contrasta con el mío, rápidamente la hago saber mi enfado por la llegada tardía, pero ella me conoce y sabía de mi estado de ánimo. Si el tripulante me dijo que faltaban 30 min, que no dirán los parlamentarios? En un parque cercano un orador predica en nombre de Jesús, igual que lo cree estar haciendo un político en el nuestro, parafraseando palabras enérgicas y concluyentes, pero huecas y vacías como un huevo Kinder sin sorpresa.

Esta vez dormiré en un albergue situado en el cerro Bellavista. En una de las calles de Valpo me encuentro con una pareja francesa que vi hace dos días en Atacama, al final todos convergemos en los mismos puntos. Con Belén vuelvo a recorrer sus calles entre risas y curiosidades, y junto a uno de los muelles, algunas parejas se besan, discuten o se pierden en conversaciones banales, al tiempo que el sol desaparece tras el Cerro Artillería por el oeste.

Después de la cena, y cuando el día ha dejado paso a la noche, el ascensor Polanco ahora abierto invita a una panorámica nocturna de todo Valparaíso. Todos los cerros se ven iluminados por centenares puntos de luz que suben por sus colinas, y la actividad de la ciudad llega en un suave eco hasta nosotros. La persona encargada de subir y bajar constantemente el ascensor es un hombre sexagenario al que le divierten los encuentros efímeros en los pocos segundos que dura el trayecto. El recinto ha perdido el encanto de lo antiguo con la renovación ahora terminada, pero al menos está abierto al público. Y la modesta Plaza de los Sueños deja de ser ese lugar deteriorado que vi con las primeras luces del día, dando paso a unas pasiones que una vez durmieron y ahora despiertan, tan intensas como capaz de enmudecer las calles de Valparaíso en el silencio roto de nuestros besos.

La despedida definitiva llega al día siguiente después de tomar juntos el desayuno desde lo alto de uno de los cerros, en una ropa coloreada que dan vida bajo su chaquetón negro que ha dejado como color secundario. Ya en el Plan de Valpo, dos detalles vienen a mi mano, testigos materiales de nuestro encuentro que hoy llega a su fin. Los besos y abrazos se suceden, por una vez la prisa ha dejado de correr en su carrera contrarreloj, para otorgarnos un tiempo muerto que ahora compartimos y disfrutamos, no como el último, sino como si fuera el primero. En una última mirada, la veo caminando con su cabello hacia el lado izquierdo tapando un rostro que no quiere descubrir, como guardando oculto el final de un libro por escribir… hasta pronto Belén.

En el hostel conozco a Florence, otra joven suiza de Zurich que acaba de llegar a Valparaíso para descubrir Chile y Argentina en un viaje de tres meses. Después de comer juntos y pasear por los muelles del puerto donde también subimos al ascensor Artillería, con espectaculares vistas sobre la incansable actividad del puerto, me doy cuenta de lo que realmente me apetecía en esta tarde era estar solo tras la despedida de Belén... Me cuesta escuchar a la chica, y concentrarme en el inglés me cansa en una motivación que tengo en otra parte.

Encuentro mi momento de soledad al atardecer, frente al muelle Prat. Se hace necesario hacer balance de todo lo acontecido en estas tres semanas de viaje, muy especialmente en Valpo. Las olas rompen suave en la orilla, y un cielo que forma sus propias ondas bajo nubes teñidas de azul y gris, ayudan a mitificar todavía más el lugar donde artistas dejaron en las calles sus señas de identidad, y yo, dejé las mías en toda una serie de experiencias que ahora revivo con nostalgia y melancolía. No hay duda, no podría haber tenido mejor final, justo frente a la costa del Pacífico en esta ciudad que lleva por nombre Valparaíso.

Después de las 23 horas de autobús de hace dos días, las 14 horas de viaje hasta París transcurren relativamente rápidas, la mitad del vuelo es diurno, la otra mitad nocturno. También a mí el mundo se me ha hecho más pequeño cuando el avión toma tierra en otro país, en otra ciudad, al otro lado del Atlántico. También yo, me cuestiono muchas cosas al regresar de Sudamérica, de Chile, de Valparaíso... En un intento de no olvidar, sino recordar, cada día camino firme y convincente, en un presente que mañana quedará absorbido por el futuro... continuación de otras esencias por descubrir.

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