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RIO BRAVO

Hamburgo

Antes de entrar en Hamburg Hbf, el tren cruza el Elba, diviso los primeros cargueros de modestas dimensiones fondeados en el centro del río, que sin embargo, vistos desde esta perspectiva parecen inmensos. Minutos después llego a la estación término de Hamburg Altona en un tren nocturno procedente de Zurich. Con el tiempo he aprendido a controlar mis emociones, también a perderlas, pero en este tren y en mi primer viaje por mar a bordo de un portacontenedores, he vuelto a recuperar el entusiasmo que había permanecido oculto hasta hoy.

El puerto de Hamburgo es lo que San Fermín a Pamplona, sin él la ciudad no puede entenderse. Desde la estación marítima de cruceros se tiene una vista parcial de la extensión que ocupa todo el puerto, y que casi se integra con el mismo centro de la urbe. Los depósitos petroquímicos y otros muelles de carga, se internan varios kilómetros por detrás de un primer plano formado por una de las terminales de contenedores y los diques secos. En la zona de los muelles turísticos, constantes embarcaciones ofrecen visitas guiadas a las instalaciones portuarias.

Hamburgo es también una ciudad verde y moderna. Junto a numerosos parques y jardines, los flamantes y nuevos edificios de Hafencity contrastan con las construcciones rehabilitadas que se integran a la perfección en los canales que el Elba ha trazado en sus calles. En una de ellas se encuentra el impresionante Miniatur Wunderland. Conociéndome, se da la paradoja de que el escenario más impactante es su aeropuerto totalmente funcional. Tan concentrado estoy en lo que he venido hacer a Hamburgo, que ni siquiera he sacado la cámara para hacer algunas fotos al centro.

He debido comer algo que me ha provocado una severa alergia en mis brazos y la espalda. Las pastillas que me ha recomendado la farmacéutica me provocan un enorme cansancio a lo largo de todo el día, y ante una falta de mejoría decido acudir al médico a primera hora de la mañana el día en que debo embarcar. Esta situación me provoca cierta inquietud, con el deseo de que el conjunto formado por el medicamento y la pomada sea suficiente. Casi al mismo tiempo recibo una confirmación con la hora del embarque, fijada a las 18.00h. La visita a la ciudad casi llega a su fin, he visto muy poco para todo lo que ofrece, sin embargo, Hamburgo es la excusa para llegar al barco.

La línea de ferry número 61 me lleva al punto más cercano donde se encuentra la entrada al muelle Burchardkai. Camino entre una mezcla de agitación y expectación en un continuo tránsito de camiones. En el puesto de control, dos guardias comprueban mi pasaporte y verifican mi nombre en una lista. Un shuttle me conduce hasta el muelle donde está atracado el barco. Si la visión del puerto desde el exterior es espectacular, visto desde el interior, lo eleva a la categoría de fascinante. Las instalaciones son enormes, miles de contenedores se apilan en decenas de manzanas formando una megaurbe de acero. Al cabo de un instante, he llegado a “mi barco”, el Río Bravo.

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