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RIO BRAVO

Mediterráneo

Después de casi cuatro días de navegación, hemos alcanzado tierra, las costas del norte de África. El puerto de Tánger ocupa el nivel 2 de alerta en la escala de seguridad marítima portuaria. Por razones de seguridad nos desaconsejan bajar a tierra, además, la ciudad de Tánger queda bastante lejos del puerto en el que nos encontramos, y se tiene previsto salir a primera hora de la tarde. De entrada, la terminal de contenedores de Tánger es más limpia y visualmente está mejor organizada que su homóloga británica de Tilbury. Las operaciones de carga y descarga son rápidas, la escala no dura mas de siete horas. A las 17:00h volvemos a navegar para entrar en aguas del mar Mediterráneo. Se distinguen perfectamente las costas españolas de las marroquíes, y en uno de los extremos, el codiciado y disputado peñón de Gibraltar.

Las continuas tensiones sociales y políticas que se viven en todo Oriente Medio y en el subcontinente Indio quedan de manifiesto al llegar a Port Said, en Egipto. Según me cuenta Gilles, es en este punto donde sube a bordo un equipo de seguridad privada, formado por cuatro hombres fuertemente armados, para hacer frente a los posibles ataques de piratas que se localizan en el Mar Rojo, estrecho y golfo de Adén, y Mar Arábigo. Cuatro semanas en las cuales todas las cortinillas y estores permanecen bajados, día y noche, en una actividad exterior reducida al mínimo entre el amanecer y la puesta de sol. Me cuenta que se han dado casos de piratas que han asesinado a tripulaciones enteras en pequeñas embarcaciones por unos cientos de dólares, y piratas que a su vez han sido asesinados con lanzamisiles desde alguna de las patrulleras militares que custodian la zona ó tiroteados por los servicios de seguridad privados. Para los pasajeros, se tiene prohibido embarcar o desembarcar en todos los puertos de esta ruta situados entre Port Said y Mundra, en India. Como reza el lema en la navegación marítima, Safety First, no sólo para tripulación pero también pasajeros.

La tripulación de cubierta y máquinas está formada casi exclusivamente por personal filipino. Son competentes, trabajadores… y baratos, algunos llevan más de 15 años trabajando para diferentes navieras. En general están contentos con el trabajo que realizan, aunque a veces no están conformes con algunas tareas que se les asignan, situadas por encima de sus competencias profesionales. Son reyes en su país de origen, cobran mucho más que un trabajo similar en Filipinas, lo que les asegura solvencia y bienestar económico. No obstante, todo poder tiene un precio, y en su caso es muy alto: pasan largas temporadas en alta mar con contratos de diez meses consecutivos y descansan cuatro semanas, incluso menos. Muchos de ellos tienen mujer e hijos, lo que equivale a decir que sus relaciones sociales se reducen al mínimo en el siempre difícil equilibrio entre vida familiar y economía estable.

Al puente de mando se tiene acceso previo permiso y/o autorización por parte del capitán. Desde estas dependencias acristaladas, se controla todo el movimiento del buque con ayuda del radar y sistemas digitales de navegación, además de los diferentes puestos de comunicación con los otros buques que lo circundan, y eventualmente, con el puesto de mando de la compañía. Cuenta además con las tradicionales cartas náuticas y su compás de medición. La atmósfera de genuina marinería que se percibe desde aquí es innegable. A más de 30 metros sobre el nivel de flotación, la vista desde este plano es sencillamente impresionante.

Ultima jornada de navegación a bordo. Hoy he despertado antes de la hora habitual, tengo una vista directa del amanecer desde mi cabina, y observo la evolución del disco solar hasta alzarse por encima de la línea del horizonte. Desisto de tomar el sol en la superestructura, el olor que me llega de la chimenea es demasiado fuerte, y opto por ir al que se ha convertido en mi “lugar de culto” de toda la nave, la proa del barco. Navegamos todo el día a velocidad reducida, poco antes del mediodía avisto por babor la isla de Cerdeña bajo un inconfundible clima mediterráneo. La llegada al muelle coincide con el ocaso y con el final de mi viaje a bordo del Río Bravo. He llegado a destino.

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