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SIBERIA

La Rusia Europea, San Petersburgo - Belgorod

Riga luce soberbia bajo su capa de nieve fresca, pero el placer que percibo al estar a bordo de un sencillo literas en 3ª clase platskartny es mucho mayor e intenso. La provodnitsa bromea conmigo y con una señora no muy mayor pero ya jubilada de nacionalidad letona. Mi ruso básico me ha servido para comprar el billete y ahora para hacerme entender con ellas. El tren arranca, de nuevo mirar por la ventana este paisaje blanco invernal es una adicción que se torna como el mejor de los ejercicios de relajación, tiempo para no pensar en nada ni en nadie.

Al caer la noche hacemos una larga parada en la última estación de la Unión Europea, en Zilupe, Letonia, y minutos después el tren llega a Sebezh, Rusia. Como siempre, el paso terrestre por un puesto fronterizo ruso infunde respeto y cierta tensión. Un tipo de aduanas pasa con un perro en busca de sustancias prohibidas y jovencísimos aduaneros de rostros serios controlan pasaportes y visados. Por ser extranjero tengo derecho al oportuno lote de preguntas, gajes del oficio.

Mi paso por San Petersburgo es transitorio y dura sólo unas horas. Después de cambiar dinero y comprar el billete a Belgorod para esta misma tarde, me permito unas horas de turismo en esta bonita ciudad que ya conocía. En la Avenida Nevsky numerosos carteles recuerdan el “Sitio de Leningrado” y sus 900 días y noches de asedio. Callejeo hasta toparme con el río Neva congelado en bloques de hielo superpuestos por la presión de este. No lejos, la Plaza del Palacio me parece todavía más grande que en mi primera visita, tal vez por la ausencia de gente.

De vuelta a la estación, la casualidad ha querido que comparta el compartimento junto a una mujer de ojos rasgados y origen yakutia. Se muestra simpática y sorprendida cuando la explico que me dirijo a Yakutsk, sabiendo que ella misma ha huido del insoportable frío de su propia tierra natal. El tren recorre durante la noche toda la Rusia europea de norte a sur, y ya en la mañana hace parada en localidades emblemáticas de la historiografía bélica; Kursk, Prokhorovka y finalmente Belgorod.

Belgorod

Realmente la ciudad no tiene ningún interés, por eso no se ven extranjeros ni turistas en sus calles, entonces ¿por qué venir a Belgorod? Un libro me ha llevado hasta aquí, una autobiografía donde su protagonista experimenta en primera persona el horror de la guerra en este mismo lugar. Su descripción es tan detallada, tan extraordinaria, que no hace falta mucha imaginación para proyector el mismo escenario que retrata. Me falta el miedo, el sufrimiento, la angustia a la muerte, todo aquello cuya empatía con el autor me es imposible abordar, ni siquiera logro acercarme en el peor de los imaginarios posibles lo más mínimo a ese estado de opresión total.

Hago amistad con dos jóvenes iraquíes que estudian en la universidad de Belgorod. Estudian ruso porque en Iraq hay poco futuro y donde antes había un Sadam ahora hay 50, la vida se ha hecho imposible. Los que tienen la suerte de salir de Iraq pueden incluso pensar en un futuro alternativo, y la mayoría que no puede, vive bajo un estado de miedo permanente. Puta vida, es la lotería de cada uno…

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