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SIBERIA

Hacia el Volga, Belgorod - Volgogrado

Subo a un tren destino Novosibirsk, aunque mi próxima etapa es Volgogrado con una correspondencia anunciada en mi billete esta misma noche. Frente a mi un hombre de unos 50 años de barba impecablemente recortada, semblante discreto y una mirada que se pierde tras la ventana igual que la mía. Pasamos por Stari Oskol, una población que según mi compañero de viaje, cuenta con una de las mayores minas de hierro a cielo abierto del mundo. El cielo gris y el espeso manto de nieve casi se confunden en la línea del horizonte, vasto y extenso, que sólo algunas hileras de árboles diseminadas aquí y allá, rompen con el monocromático blanco y negro del paisaje. Cruzamos un puente metálico bajo el que discurre el río Don, ahora congelado y antaño frontera psicológica y puerta de entrada a la interminable estepa rusa. Cuántos dejaron aquí su vida, cuánta sangre derramada para nada... Y donde antes soldados hacían la guerra, hoy estudiantes de todas las nacionalidades se aplican en hacer progresar el futuro en una de las mejores universidades del país, he llegado a Voronezh.

Al llegar la noche el tren hace su entrada en la estación de Gryazi, punto de enlace con el tren que llega de Moscú y destino Volgogrado. En la sala de espera de la pequeña estación una babushka, además de refugiarse del frío espera sentada recibir limosna de los que están de paso. También han prohibido los puestos ambulantes en las estaciones, hoy todo está regulado en pequeños quioscos autorizados cuyas primeras perjudicadas son las que un día lo dieron todo por Rusia… Nunca fueron buenos tiempos para las babushkas, ni antes ni ahora en tiempos de paz.

El Firmenny o Premium “Volgograd” procedente de la capital rusa utiliza los nuevos coches platskartny, guardan la misma configuración interior que sus predecesores pero con unas literas más cómodas y espaciosas. Exteriormente nada los diferencia de cualquier otro tren de viajeros convencional, los trenes Premium han perdido sus llamativos esquemas exteriores de colores vivos que lo identificaban como tal. No tardo en quedar profundamente dormido hasta la mañana siguiente, coincidiendo casi con mi llegada a la capital del Volga.

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